SALVADOS EN CRISTO

Es posible que estés preguntándote sobre tu relación con Dios: ¿Puedo estar seguro/a de que soy salvo/a? Es maravilloso que se pueda responder a esta pregunta desde la Palabra de Dios. 


Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, 

y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Hechos 2:38-39 VRV60


Sí, es posible ser salvado/a en el Señor Jesucristo, al obedecer al Evangelio, procediendo al arrepentimiento y al bautismo con la necesidad del “perdón de los pecados”; según el llamado de Dios llega a mi vida para la salvación del alma.


El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo 

está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades. 

1 Pedro 3:21-22 VRV60


El bautismo, según lo revelado en la Palabra de Dios ahora nos salva, es necesario que obedezcas a la Verdad divina: Quien obedece es sellado/a con el ES, garantía de “nuestra herencia”. 


En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. 

Efesios 1:13–14 VRV60


El apóstol Pablo confiaba en su relación con Dios y en todos los beneficios que Su salvación proveyó para su vida; sabía a quien había creído, que Él es poderoso para guardar su alma.


Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, 

en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros. 

2 Timoteo 1:12-14 VRV60


Sí, Pablo esperaba confiado por su corona de justicia mientras con fidelidad le servía al Señor con su vida, fiel a Su propósito. Y cada cristiano/a fiel también puede esperar confiado/a en Él. 


Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. 

2 Timoteo 4:6-8 VRV60


Deberás tenerlo claro: Dios provee salvación y justicia. Él es mi escudo fiel y Juez justo; examina la mente y el corazón de toda persona para salvar a los “rectos de corazón”, en Su justicia.


Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece tú al justo; 

Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón. 

Mi escudo está en Dios,

Que salva a los rectos de corazón. 

Dios es juez justo, 

Y Dios está airado contra el impío todos los días. 

Salmos 7:9–11 VRV60


Pablo dice que esta es una palabra fiel: La salvación sólo se encuentra en Jesucristo. Y esta palabra debe ser “recibida por todos”, Él vino al mundo “para salvar a los pecadores”. Ven a Él.


Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, 

de los cuales yo soy el primero.

1 Timoteo 1:15 VRV60


Los cristianos del NT sabían con certeza que fueron salvos en Cristo. ¿Cuándo y cómo ocurría?, las Escrituras revelan que fue inmediatamente después de ser bautizados. Hoy necesitas preguntarte: ¿Me encuentro a salvo, estoy en Cristo Jesús?, si no es así, recibe la Palabra revelada en el NT y bautízate en Cristo.


Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. 

Hechos 2:40, 41-42 VRV60


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