Confiar en el Señor
No se angustie vuestro corazón. Creéis en Dios, creed también en mí.
Juan 14:1 (RV 2020)
¿Cómo sabes si confías en alguien? ¿Será porque te gusta o es más inteligente? ¿Porque estás de acuerdo con sus opiniones y su perspectiva de la vida? ¿O la confianza se logra de otra manera? Confías en alguien cuando crees lo que dice y siempre actúa en consecuencia.
Diré yo al Señor: «Esperanza mía y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré». Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y protección es su verdad.
Salmo 91:2–4 (RV 2020)
El problema de la confianza no es diferente cuando se trata de nuestra relación con Dios. Si confiamos en Jesús para la salvación, creeremos y haremos lo que Él nos dice, no puede ser diferente.
¿Por qué me llamáis «Señor, Señor» y no hacéis lo que yo digo?
Lucas 6:46 (RV 2020)
No deberíamos objetar ni cuestionar Su Palabra, tampoco cerrarle la puerta ni sacarlo de nuestras vidas. Debemos escuchar y prestarle atención en todo tiempo, para vencer esta vida con fidelidad.
Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo. Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono.
Apocalipsis 3:20–21 (RV 2020)
Jesús nos dice que creamos y seamos bautizados para la salvación, ordenó a los judíos en Pentecostés que se arrepintieran y se bautizaran para el perdón de sus pecados (Hechos 2:38).
Y les dijo: —Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo, mas el que no crea será condenado.
Marcos 16:15–16 (RV 2020)
Sólo si confiamos en Jesús, escucharemos Su voz y prestaremos atención a sus mandamientos para ser salvos, confiar en el Señor significa que no intentaremos ser salvos sólo por fe, sin obrar la fe.
Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá esa fe salvarlo?
Santiago 2:14 (RV 2020)
¿Pero quieres comprender, hombre necio, que la fe sin obras está muerta? Abrahán nuestro padre, ¿acaso no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que por las obras su fe alcanzó la perfección? Y se cumplió la Escritura que dice: Abrahán creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Como podéis ver el ser humano es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
Santiago 2:20–24 (RV 2020)
Si confiamos en Cristo debemos creer al Evangelio, obedeciéndolo por fe; obrando nuestra fe en obediencia, donde “la justicia de Dios es revelada por medio de la fe y para la fe”. El poder de Dios para la salvación del alma.
Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: en primer lugar para los judíos y también para los griegos. Porque en el evangelio, la justicia de Dios es revelada por medio de la fe y para la fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Romanos 1:16–17 (RV 2020)
Confiar en el Señor también significa la condición espiritual correcta de bendición y bienaventuranza en la vida presente, hasta el día de la eternidad.
¡Bendito el hombre que confía en el Señor, cuya confianza está puesta en el Señor!, porque será como el árbol plantado junto a las aguas, pues junto a la corriente echará sus raíces. No temerá cuando llegue el calor, sino que su hoja estará verde. En el año de sequía no se inquietará ni dejará de dar fruto.
Jeremías 17:7–8 (RV 2020)
¿Cómo no confiar en el Señor Jesucristo? Su salvación está disponible si confío y obedezco a Su llamado, el cuidado y la bendición también. Un día Él viene por nosotros y nos llevará a Su morada eterna, donde quienes hemos confiado tenemos un lugar reservado a Su lado. ¡Gracias al Señor!
En la casa de mi Padre muchas moradas hay. Si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy, pues, a prepararos un lugar. Y una vez me haya ido y haya preparado lugar, vendré de nuevo y os llevaré conmigo, para que estéis también donde yo esté.
Juan 14:2–3 (RV 2020)
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