Plan de batalla bíblico


La razón por la que te dejé en Creta fue para que corrigieras lo deficiente y establecieras ancianos en cada ciudad, según las instrucciones que te di. 

Tito 1:5 (RV 2020)


Hubo una evaluación y se dispuso el plan para corregir lo que faltaba (lo que aún era deficiente). Debemos tener el mismo deseo y actitud que el apóstol inspirado tuvo para Creta, el poner en orden las cosas que faltan en el cuerpo de Cristo, en la obra local.


Cuando no hay visión, el pueblo se desvía; ¡dichoso aquel que obedece la ley! 

Proverbios 29:18 (RVC)


Un buen principio cuando se trabaja con personas. Sin guía y visión de cómo lograr su objetivo se pierde el enfoque e interés y hay desánimo, no se avanza para alcanzar la meta; como resultado, el grupo sufre de pérdida espiritual. Así pasa en la iglesia local.


El anciano debe ser irreprochable, marido de una sola mujer, y que tenga hijos creyentes que no estén acusados de mala conducta ni de rebeldía. Es necesario que el obispo sea irreprochable, como administrador de la casa de Dios. No debe ser soberbio, ni iracundo, ni bebedor, ni pendenciero, ni codicioso de ganancias deshonestas. Debe ser hospitalario, amante del bien, sobrio, justo, de vida recta, dueño de sí mismo, apegado a la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y refutar a los que se oponen a ella. 

Tito 1:6–9 (RV 2020)


La iglesia local necesita trabajar consistentemente y madurar espiritualmente, y así, dar el fruto de hermanos con calificaciones bíblicas para servir como ancianos, obispos, pastores (tres nombres que señalan a las mismas personas en sus funciones).


Esto que digo es muy cierto: si alguno aspira a ser obispo, desea una obra insigne. 

1 Timoteo 3:1 (RV 2020)


Este es un servicio por cuidar de las almas en la iglesia local (nunca fuera de ella), un deseo de servir al Señor y cumplir Sus propósitos mientras se cuida de Su grey. Una obra espiritual, donde la congregación usa la visión y el plan divino para servir al Señor. 


Yo, que soy un anciano de la iglesia, testigo de los padecimientos de Cristo y partícipe de la gloria que será revelada, ruego a los ancianos que están entre vosotros: apacentad la manada del Cristo que se os ha confiado, y cuidad de ella, no a la fuerza, sino voluntariamente; no buscando una ganancia deshonesta, sino con deseo de servir. Y no como si fuerais dueños de los que están a vuestro cuidado; al contrario, sed ejemplos de la manada. 

1 Pedro 5:1–3 (RV 2020)


Los ancianos deben ser ejemplo para la iglesia, tener deseo de servir y cuidar voluntariamente, apacentar la manada (como pastores). No “un pastor”, “reverendo”, o “un líder”, sino una pluralidad de ancianos; no por fuerza, no por ganancia, ni siendo el “dueño” del grupo. Sin autoridad fuera de su grey.


Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los creyentes en Cristo Jesús que están en Filipos, junto con sus obispos y diáconos: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 

Filipenses 1:1–2 (RV 2020)


La iglesia en el siglo I tenía ancianos (obispos, pastores) y diáconos  en la iglesia local; Pablo instruyó a la iglesia en Éfeso “todo el plan de Dios” (Hechos 20:26), y resultó en tener supervisores (obispos), el Espíritu Santo los puso “para apacentar la iglesia del Señor”.


Y ahora sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes pasé predicando el reino de Dios, volverá a verme. Por eso, quiero hoy declarar ante vosotros que estoy limpio de la sangre de todos, porque nunca me he negado a anunciaros todo el plan de Dios. Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto como supervisores para apacentar la iglesia del Señor, que él ganó por su propia sangre. 

Hechos 20:25–28 (RV 2020)


Jesucristo ganó (compró) a la iglesia con su propia sangre, la cual fue derramada en la cruz del calvario, aquí se encuentra la importancia de usar el plan de Dios para cuidar de la iglesia, al no madurar con fidelidad ni lograr trabajar Su plan, la iglesia resulta deficiente (Tito 1:5).


En ese caso conviene que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, apto para enseñar; no dado al vino ni amigo de peleas; ni codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, pacífico y que no sea avaricioso. Que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sumisión con toda honestidad; (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la Iglesia de Dios?). Que no sea un recién convertido, no sea que se llene de orgullo y caiga en la condenación del diablo. También es necesario que goce de buena reputación entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. 

1 Timoteo 3:2–7 (RV 2020)


Entonces, la iglesia local madura para que haya varones calificados espiritualmente, maduros en la fe, aptos para el servicio del Señor. No tendrán sólo “un pastor”; ni un varón soltero, indecoroso, neófito, ebrio (del mundo), iracundo, inmaduro, codicioso, avaricioso, orgulloso, ni un mal ejemplo. 


Sí, es un trabajo de hermanos y hermanas, de las familias que componen la iglesia local, de donde a su tiempo surgen los dones de servicio (en el servicio al Señor), guiados todos por la voluntad divina, revelada en el Nuevo Testamento.


Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 

1 Pedro 5:4 (RV 2020)


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