Dios es Soberano y Majestuoso


¡Alabanza y magnificencia delante de él! ¡Poder y hermosura en su santuario! Tributad al Señor, familias de los pueblos, dad al Señor la gloria y el poder. Dad al Señor la honra debida a su nombre; traed ofrendas y venid a sus atrios. Adorad al Señor en la hermosura de la santidad; temed delante de él, toda la tierra. 

Salmo 96:6–9 (RV 2020)


Apropiadamente se describe a Dios como majestuoso: "Alabanza y magnificencia hay delante de Él" (1 Crónicas 16:27; Salmo 96:6-9); “la terrible majestad” (Job 37:22) ha sido revelada a nosotros, las Escrituras describen la realidad de Dios frente a la naturaleza humana. 


En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos meditaré. Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y yo publicaré tu grandeza. Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia. Clemente y misericordioso es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia. 

Salmo 145:5–8 (RV 2020)


David, impresionado de la magnificencia divina, puede meditar en quién es Dios; Su poder, Sus hechos y grandeza se aprecian al conocer el carácter divino (Salmo 145:5-6); porque “la voz de Jehová sobre las aguas, truena… con potencia… con gloria” (Salmo 29:3-4). Él es a quien debemos honrar y alabar.


¡Te alaben, Señor, todas tus obras, y tus santos te bendigan! La gloria de tu reino digan y hablen de tu poder, para hacer saber a los hijos de los hombres sus poderosos hechos y la gloria de la magnificencia de su reino. 

Salmo 145:10–12 (RV 2020)


¿Cómo no ser temeroso (respetuoso) de la soberanía y majestad divina? En Su justicia vendrá el juicio de Dios sobre todo ser humano, ¿dónde podríamos escondernos de su castigo? Simplemente no podemos, aunque pensemos que si podemos ocultarnos de Su presencia, en realidad no es así.


Se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, a causa de la presencia temible del Señor y del resplandor de su majestad, cuando él se levante para castigar la tierra. Aquel día la gente arrojará a los topos y murciélagos sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorara. Se meterá en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, a causa de la presencia formidable del Señor y del resplandor de su majestad, cuando se levante para castigar la tierra. 

Isaías 2:19–21 (RV 2020)


La majestad en los cielos se revela ahora por medio de Jesucristo, por quien Dios nos habla el día de hoy (Hebreos 1:1-2). Él ha purificado nuestros pecados cuando en obediencia fuimos bautizados en Su nombre; así, hoy Él es quien reina y sustenta todas las cosas con Su Palabra. 


Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todo y por quien asimismo hizo el universo. Este, que es el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia y quien sustenta todas las cosas con su palabra poderosa, después de haber efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas…

Hebreos 1:2–3 (RV 2020)


Sí, necesitamos reconocer la majestuosa soberanía de Dios sobre nuestras vidas, permítete hoy el tiempo de reconocer esta realidad; ¿cómo?: siendo obedientes a Su llamado eterno por el Evangelio. Un día, el Dios soberano y majestuoso hará juicio de nuestras hechos, buenos o malos (2 Corintios 5:10). 


Sí, Dios “está vestido de majestad, ceñido de poder… vestido de gloria y magnificencia” (Salmo 93:1; 104:1) ¿Es importante conocer esto? Por supuesto, para hacer saber a nuestras vidas, nuestros hijos y a todos que Dios reina en Su Gloria, Soberano y Majestuoso sobre todo lo que fue creado por Él; y que un día Su juicio vendrá.


Y vi los muertos, grandes y pequeños que estaban delante de Dios. Entonces fueron abiertos los libros y también fue abierto otro libro: el libro de la vida. Y los muertos fueron juzgados por lo que habían hecho, conforme a lo que estaba escrito en los libros. El mar entregó los muertos que había en él; también la muerte y el infierno entregaron los muertos que había en ellos, y cada uno fue juzgado según lo que había hecho.

Apocalipsis 20:12–13 (RV 2020)


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