Pon tu mirada en el cielo


Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.

Filipenses 3:20 (RV 2020)


Tener una mirada atenta a lo que es importante le da propósito a nuestra visión. Miras atentamente a quien amas, y lo que anhelas para alcanzarlo.  En tu camino de fe miras lo que Dios obra en ti, y Él desea que ames el cielo, esperando por el Señor, quien viene por los ciudadanos del cielo.


Él transformará nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso semejante al suyo, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. 

Filipenses 3:21 (RV 2020)


Para morar en el cielo necesitamos un cuerpo de gloria, que Jesucristo dará en Su venida, a quienes son de Él y le esperan; los que hayan obedecido al Evangelio de salvación. Los fieles tienen un lugar reservado en el cielo (Juan 14:2), los que sí pertenecen al reino de Cristo (Colosenses 1:13).


Bienaventurados seréis cuando por mi causa os insulten, os persigan y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que vivieron antes que vosotros. 

Mateo 5:11–12 (RV 2020)


Jesús enseñó del gozo y la alegría que serían respuestas a los tiempos de dificultades por causa de Su nombre. Ser de Cristo puede llevar a malos tratos, mentiras, oposición y persecución contra los cristianos. Nuestra recompensa se encuentra en los cielos. Con gozo, sé fiel y mira al cielo.


Os doy autoridad para que pisoteéis las serpientes, los escorpiones y todo el poder del enemigo, sin que nada ni nadie pueda dañaros. Pero no os alegréis tanto de que los espíritus se os sometan, como de que vuestros nombres estén escritos en los cielos. 

Lucas 10:19–20 (RV 2020)


Con el poder y la autoridad de Cristo podemos vencer el ataque del enemigo. Satanás no logra dañar a quienes son del Señor y toman el escudo de la fe (Efesios 6:6). Él también dice que la mayor alegría es que nuestros nombres están escritos allá en los cielos. Mira al cielo eterno de Dios.


Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Poned la mira en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. 

Colosenses 3:1–4 (RV 2020)


Mira al cielo hoy, porque tu vida como un(a) hijo(a) de Dios “está escondida con Cristo en Dios”, si somos resucitados con Él buscamos las cosas del cielo, ponemos nuestra mirada en el cielo y no en las cosas pasajeras de la tierra. Cuando Él se manifieste también lo seremos en Su gloria celestial.


No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen y donde los ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido destruyen y donde los ladrones no entran ni hurtan, porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. 

Mateo 6:19–21 (RV 2020)


En la enseñanza de Jesús nuestro tesoro debe estar en el cielo, y que allí también se encuentre nuestro corazón. No es sabio ser de Cristo y estar unido a los tesoros de este mundo, porque esto siempre impedirá que podamos anhelar y amar el cielo; donde está mi ciudadanía eterna, con Dios.


Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo —es por gracia que sois salvos— y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús…

Efesios 2:4–6 (RV 2020)


Dios nos dio vida juntamente con Cristo, “aun cuando estábamos nosotros muertos en pecados”, hemos llegado a ser salvos por Su Gracia. Nos resucitó con Él y nos hizo partícipes de Su reino, es un privilegio que no encontrarás en las religiones diseñadas por hombres, es plan de Dios.


Sí, en la iglesia del Señor es donde Cristo reina y cuida de los suyos, preservando a cada uno para Su reino eterno (2 Timoteo 4:18), mientras en nuestra vida guardamos todas las cosas que Él nos ha mandado (Mateo 28:18-20). Entonces, cada día pon tu mirada en el cielo de Su gloria y eternidad.


Y el Señor me librará de toda obra mala y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén. 

2 Timoteo 4:18 (RV 2020)


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