EXPIACIÓN DE LOS PECADOS


A causa del amor y la misericordia de Dios su Hijo vino a hacer expiación por nuestros pecados. De esta manera, la justicia divina es aplicada a la injusticia del hombre por Su Gracia. Así, Él tomó de nuestra semejanza para obrar Su misericordia.


Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 

Hebreos 2:17 VRV60


Dios limpia nuestros pecados en Cristo. La justicia de Dios es aplicada para nosotros en “Cristo Jesús, a quien Dios puso como sacrificio de expiación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:24b–25). Quitando la culpa y condenación en Su paciencia, Dios expió nuestros pecado y manifestó Su justicia.


… por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados…

Romanos 3:23–25 VRV60


Este contexto en Romanos nos aclara que Dios justifica al que cree en Jesucristo. Una fe que es obediente al llamado de Dios a Su salvación y que obedece a “la ley de la fe” (verso 27).


… con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? 

¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

Romanos 3:26–27 VRV60


Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras del AT, dejando un modelo, patrón o molde (tupos en griego) para obrar la voluntad divina en el Evangelio, llamado de Dios que es predicado y recibido en obedecía (hacerlo propio), en el que se debe perseverar reteniendo la palabra para salvación. 


Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras…

1 Corintios 15:1-4 VRV60


Dios te libra de una muerte tan grande, si confiamos en Él y no “en nosotros mismos” (2 Corintios 1:9–10), llegando a ser irreprensibles en Jesucristo y Su salvación (1 Corintios 1:6–8). Cristo tiene un sacerdocio inmutable que sí salva (Hebreos 7:24–25). Su expiación obra la voluntad divina en nosotros.


A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, 

el cual ha dado Dios a los que le obedecen. 

Herchos 5:31–32 VRV60


¿Y, cómo es que se expían los pecados?, cuando obedecemos al llamado de Dios, eso es obedecer a la fe, como “muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” cuando se les anunció el evangelio (Hechos 6:7). Creer es confiar y obedecer a Dios por la fe, para expiar los pecados en la sangre de Cristo. Él provee Su Espíritu y te sella como garantía, sólo si le obedeces a Él.


En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. 

Efesios 1:13–14 VRV60


Para alcanzar todos Sus beneficios, Cristo expió nuestros pecados con Su sangre preciosa, Él pagó el precio por nuestro rescate y salvación. Al oír la palabra de verdad: el evangelio, debes creer y obedecer al llamado de Dios para ser sellado/a con el Espíritu Santo, y ser hecho/a justicia de Dios mediante la sangre de Cristo. El amor de Dios te alcanza a través de Jesús. 


Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, 

por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

Gálatas 6:14 VRV60


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