IGLESIA: LA CASA DE DIOS

Pertenecer al hogar de Dios es una gran bendición. El Creador del universo ha establecido una casa donde quienes son de Su familia es reunida: la Iglesia del Señor. Tenemos un hogar con Él.


Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

1 Timoteo 3:14–15 VRV60


Por voluntad de Dios, cada uno/a somos añadidos a Su iglesia (Hechos 2:47), y desde entonces "hermanos y hermanas en Cristo"; perseverando en la doctrina apostólica (Hechos 2:42).


Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. 

Efesios 2:19–22 VRV60


Desde el AT, esta fue la necesidad del salmista. Su pedido a Dios fue estar “en la casa del Señor todos los días…”, cerca del cuidado divino. Hoy, Dios galardona a quien le busca (Hebreos 11:6), cuando tienes una fe que procede en obediencia a Él.


Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. 

Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. 

Hechos 2:46-47 VRV60


Ser de la familia de Dios crea el vínculo perfecto de hermandad entre cristianos fieles; en Antioquía, cuando los cristianos allí oyeron hablar de una gran hambruna, ellos "acordaron socorrer a los hermanos que vivían en Judea" (Hechos 11:29). 


Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; 

Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, 

Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 

Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; 

Me ocultará en lo reservado de su morada; 

Sobre una roca me pondrá en alto. 

Salmo 27:4–5 VRV60


Los cristianos participamos de una vida espiritual con Cristo en Dios, cuando resucitados en Él buscamos el cielo y su gobierno en nuestras vidas; y, la mayor bendición de ser de Su familia es que podemos ser “manifestados con Él en gloria”.


Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, 

entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. 

Colosenses 3:1–4 VRV60


Un acto de adoración, en Su presencia para adorar, se centra en una vida de santidad, que pueda presentarme ante Dios “en inocencia”, con manos limpias, porque amo Su hogar eterno. Es en la iglesia donde doy gloria a Dios, siempre (Efesios 3:21).


Lavaré en inocencia mis manos, 

Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová, 

Para exclamar con voz de acción de gracias, 

Y para contar todas tus maravillas. 

Jehová, la habitación de tu casa he amado, 

Y el lugar de la morada de tu gloria. 

Salmo 26:6–8 VRV60


Necesitamos una fe que agrade a Dios, humilde, en obediencia y honestidad. Y ser agradecidos por el hogar de Dios, por ser de una familia "de todo linaje, lengua, pueblo y nación" (Apocalipsis 5:9), ser parte de la familia que espera por Jesús.


Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, 

y que es galardonador de los que le buscan.

Hebreos 11:6 VRV60


Jesús enseñó de un lugar a donde Él desea llevarnos, Su morada eterna. Entre nosotros se encuentra el Reino de Cristo, según Pablo es "la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo", el Reino de Jesucristo; donde podemos dar honra, gloria y alabanza a Dios. Reúnete con la familia de Dios, en Su casa.


No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Juan 14:1–3 VRV60


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