NO SER NEGLIGENTES EN DAR

Es posible dar “buenas razones” por las que dejaríamos de involucrarnos en la ayuda y el cuidado de otros (sin tiempo o dinero, inconvenientes, duda o temor). Dejar de atender a las necesidades termina siendo una crueldad (Lucas 10:30-37).


Jehová no dejará padecer hambre al justo; 

Mas la iniquidad lanzará a los impíos. 

La mano negligente empobrece; 

Mas la mano de los diligentes enriquece. 

El que recoge en el verano es hombre entendido; 

El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza. 

Proverbios 10:3–5 VRV60


Podemos pensar que hoy tenemos poco que ofrecer, sin condiciones de ayudar, ni darnos cuenta que la capacidad de ser útiles ayudando proviene de Dios; se subestima lo que Él hace por cada uno y lo que desea hacer a través de nosotros.


Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: 

Repartió, dio a los pobres; 

Su justicia permanece para siempre. 

2 Corintios 9:8–9 VRV60


No desearíamos ser asociados con quien vive mal: “el hombre disipador”, ¿cierto?; la negligencia está determinada por la actitud equivocada. Debemos ser útiles y responsables en el uso de capacidades, sin dejar los caminos del Señor.


La boca del necio es quebrantamiento para sí, 

Y sus labios son lazos para su alma. 

Las palabras del chismoso son como bocados suaves, 

Y penetran hasta las entrañas. 

También el que es negligente en su trabajo  

Es hermano del hombre disipador. 

Proverbios 18:7-9 VRV60


El llamado a cuentas en las parábolas de Jesús nos instruye: quien no es útil con sus dones (capacidades, aptitudes, posesiones) como un “siervo malo y negligente” será juzgado, desposeído de todo y “echado en las tinieblas de afuera”.


Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; 

allí será el lloro y el crujir de dientes. 

Mateo 25:26–30 VRV60


Deberíamos hacer lo que podemos hacer, así hizo la mujer que ungió a Jesús en Betania (Marcos 14:8-9), igual que la viuda pobre (Marcos 12:41-44); ambas dieron de sí con el propósito de servir a Jesús y a Dios, usaron lo que poseían.


La pereza hace caer en profundo sueño, 

Y el alma negligente padecerá hambre. 

El que guarda el mandamiento guarda su alma; 

Mas el que menosprecia sus caminos morirá. 

Proverbios 19:15–16 VRV60


Necesitas dar, compartir con sencillez y alegría para quienes tienen necesidad (Romanos 12:8), como miembro de la iglesia reunir la ofrenda para los santos, dando sin tristeza ni obligado, como tu corazón lo propuso (2 Corintios 9:6-7).


De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Romanos 12:6–8 VRV60


Nuestra participación en ser de ayuda a los hermanos en la fe es como el Señor nos usa para servirle: “Más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35), con la buena disposición.


Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba; pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría.

2 Corintios 9:1–2 VRV60


Ser obedientes al Evangelio de Cristo deberá ser nuestra prioridad, porque gozamos del don de Dios: participando en dar y recibir entre hermanos. Que Dios sea glorificado en todo, no seamos negligentes en servirle a través de Jesucristo.


Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. 

¡Gracias a Dios por su don inefable! 

2 Corintios 9:12–15 VRV60


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